En el fascinante mundo del vino, hay nombres que resuenan con un peso especial, y el de Javier Gila es uno de ellos. Recientemente, tuvimos el placer de recibirlo en Bodegas Comenge. Su trayectoria es un testimonio de dedicación y pasión por la sumillería, y su visita no solo fue un honor, sino una oportunidad para intercambiar conocimientos y experiencias con un verdadero maestro del vino.
El legado de Javier Gila en la sumillería
Javier Gila no es solo un sumiller; es un verdadero embajador del vino español. Con una carrera que abarca décadas, su nombre está asociado a una serie de reconocimientos que destacan su destreza y conocimiento en el campo. Desde sus inicios, ha sido galardonado en múltiples ocasiones, un reflejo de su compromiso con la excelencia.
Entre sus logros, destacan varios premios como el Mejor Sumiller de la Comunidad de Madrid en múltiples años, así como su destacada participación en competiciones internacionales, como el Mundial de Sumilleres en Montreal. Este reconocimiento no es casualidad; su habilidad para identificar matices en los vinos y su capacidad para maridar sabores son admiradas por muchos.
Un encuentro memorable en la bodega
El encuentro con Javier se gestó durante el Salón Peñín de los Mejores Vinos de España, donde compartimos una conversación animada y un delicioso Don Miguel Comenge 2009. Lo sorprendente fue su memoria prodigiosa; a pesar de haber pasado diez años desde que probó nuestro primer vino, el Comenge 2001, recordaba detalles que muchos olvidarían. Este tipo de atención al detalle es, sin duda, una de las cualidades que lo han llevado a la cima de su profesión.
La humildad como sello personal
Más allá de sus logros, lo que realmente impacta de Javier es su humildad. A pesar de su vasta experiencia en enología y viticultura, se acerca a cada nueva experiencia con la curiosidad de un aprendiz. Pregunta, indaga y se maravilla con cada detalle que le mostramos en Bodegas Comenge. Su interés por nuestra filosofía de trabajo y prácticas ecológicas demuestra su deseo genuino de aprender y compartir.
- Curiosidad: Pregunta sobre el manejo de nuestro viñedo y el tapiz vegetal que lo cubre.
- Adaptación: Interroga sobre las variedades de uva que podrían prosperar en nuestra región.
- Conocimiento: Conversamos sobre la heterogeneidad del suelo en Valladolid y cómo el terroir influye en nuestros vinos.
La experiencia en la bodega: una inmersión en el proceso
Al ingresar a la bodega, la primera sorpresa de Javier fue encontrar depósitos de hormigón, un material que ha resurgido en la elaboración de vinos por sus propiedades únicas. Con entusiasmo, afirmó: “¡Cómo me alegra! Si empleáis hormigón es que ya estáis haciendo bien las cosas.” Esta afirmación resuena con nuestra filosofía de utilizar técnicas que realcen la expresión del terroir.
Nuestra conversación fluyó con naturalidad hacia la filosofía de elaboración de nuestros vinos. Hablamos sobre cómo buscamos encerrar el paisaje de nuestro entorno en cada copa. Desde la viticultura ecológica, que nos proporciona uvas sanas y bien maduras, hasta la fermentación con levaduras autóctonas, todo forma parte de un proceso meticuloso que buscamos perfeccionar.
Catando la añada 2012: una experiencia sensorial
Cuando llegó el momento de catar la añada 2012, la agudeza de Javier como catador brilló con fuerza. Definió con precisión cada vino, identificando características como frescura, mineralidad y complejidad. Cada una de sus apreciaciones coincidía con los orígenes de las uvas y sus características analíticas, lo que dejó claro su profundo conocimiento.
- Pago de las Hontanillas: Destacó la mineralidad y la calidad de este vino.
- Los Ismas: Revivió la esencia de nuestra viña vieja.
- Los Silos: Describió la frescura y vivacidad del vino joven.
- Los Almendros: Reconoció su estructura sólida y elegante.
Un almuerzo entre amigos: el arte de la maridaje
Después de horas de conversación y cata, llegó el momento de disfrutar de un almuerzo al calor de la chimenea. La cocina de Rubi nos deleitó con un festín que incluía lechazo asado, croquetas y una exquisita tabla de quesos. Para maridar, elegimos varios de nuestros mejores vinos, desde el Comenge Verdejo 2011 hasta el Don Miguel 2006.
Durante la comida, la charla fluyó entre risas y anécdotas sobre el sector vitivinícola, un campo en constante evolución. La pasión de Javier por el vino es contagiosa; su respeto por cada botella y cada bodega es admirable. Este encuentro no solo fue una cata de vinos, sino una celebración del conocimiento y la amistad.
Innovación en la bodega: un proyecto emocionante
Uno de los temas que más entusiasmo generó fue nuestra investigación sobre la estabilización de la materia colorante en los vinos. Javier quedó fascinado al probar los vinos elaborados con una nueva técnica de crianza en barrica sobre lías, que había sido presentada en el pasado Congreso Internacional de la Vid y el Vino. Esta técnica, que utiliza nuestras levaduras, resultó en un vino que sorprendió gratamente a Javier por su expresividad y sedosidad.
Al final de la jornada, fijamos una fecha para compartir estos resultados en la Asociación de Sumilleres de Madrid. La emoción de ver cómo nuestra innovación podría influir en la percepción del vino español en el mercado internacional es algo que nos motiva enormemente.
Premios y reconocimientos de un maestro sumiller
Javier Gila ha acumulado a lo largo de su carrera una serie de premios que subrayan su excelencia en el campo de la sumillería. Sin duda, su trayectoria es un ejemplo a seguir para aquellos que desean adentrarse en este apasionante mundo. Aquí algunos de sus logros más destacados:
- Mejor Sumiller de la Comunidad de Madrid: 1997, 2001, 2003, 2004, 2005.
- Semifinalista en el Mundial de Sumilleres, Montreal 2000.
- 3ª posición en el Campeonato Oficial de España de Sumilleres, 1998.
- Premio Excelencia al Mejor Sumiller, 2010.
Este es solo un vistazo de la trayectoria de Javier Gila, un hombre cuya pasión, conocimiento y humildad lo convierten en un referente inigualable en el universo del vino.







